Exposiciones

desde 12.02.18 a 27.05.18
“Sorolla y la moda” propone un recorrido por la moda de la época de Joaquín Sorolla (1863-1923) a través de sus cuadros, en particular los retratos femeninos que realiza entre 1890 y 1920. En estos últimos años, gracias a la publicación de monografías y estudios, y a la realización de exposiciones, se ha ido ampliando el análisis sobre las diversas facetas de la obra de Joaquín Sorolla, entre ellas la importancia del retrato hasta el punto de que algunas de sus obras se consideran ya piezas esenciales en la historia del retrato español: desde sus retratos en interior, donde evidencia su admiración por Velázquez (como se observa en La Familia, 1901, presente en esta exposición) hasta sus retratos al aire libre, que fueron su principal aportación al género. Sorolla dejó una admirable y numerosa galería de personajes, fueran aristócratas, escritores, científicos, artistas, o sencillamente amigos o miembros de su propia familia. Joaquín Sorolla fue un espectador apasionado, capaz de captar la pasajera belleza de la calle, y muy atento a los cambios de la moda, de la elegancia y de los usos sociales. Sus retratos son un catálogo de las vestimentas de la época, y nos dan cuenta del detalle de los tejidos, los brillos de las sedas o la riqueza del terciopelo y el encaje, pero sobre todo el estilo, el porte o la gracia de las siluetas que la moda va creando en sus evoluciones. En sus viajes a París, Sorolla aprovecha los momentos de ocio para dedicarse a uno de sus entretenimientos preferidos: comprar ropa para su mujer y sus dos hijas. En el último tercio del siglo XIX, el aspecto exterior de una persona se considera una manifestación de su carácter interno. Por ello la indumentaria desempeña un papel importante, y el más pequeño detalle es revelador de su identidad. Así, el llamado “arte de la elegancia” llega a significar para algunas mentalidades de la época un valor superior incluso al de la belleza. En España las páginas de publicaciones como La vida galante, La Moda Elegante, Blanco y Negro o La Ilustración, se preocupan de poner a la mujer española de fin de siglo al corriente de “lo que se lleva", dando puntual noticia de las últimas tendencias.
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desde 16.02.18 a 20.05.18

La aparición en el siglo XIX de la producción industrial de productos fabricados en serie, idénticos entre sí, se vio entonces como un gran avance que no sólo proporcionaba al consumidor objetos de precio más democrático sino que también eran “perfectos”, es decir, eliminando los errores inherentes a la ejecución artesanal de manufactura manual. El tiempo pasó y poco a poco surgió en el diseño la idea de que quizá esas, en principio detestadas, imperfecciones tenían su lado positivo ya que aportaban por un lado un toque humano al objeto y por otro una cierta diversidad. La industria, con su producción en masa de productos iguales empezó a verse como un marco inflexible, jerárquico y en cierto modo dictatorial que no dejaba espacio a la diferenciación y que obligaba a los consumidores a vivir en un entorno homogeneizado.

Pionero de ese pensamiento anti-serialización es el maestro Gaetano Pesce que ya en los años setenta hablaba del “malfatto”, es decir, de las cosas mal hechas o imperfectas como una característica positiva y celebrable. Pesce no es un romántico ni tampoco un nostálgico, de modo que nunca se planteó esta cuestión en términos de aspirar a eliminar la industria y promover una vuelta a la producción artesanal. Su objetivo siempre fue cómo conseguir esa deseada o anhelada singularidad que hace a los objetos únicos, desde la plataforma de la producción industrial, llegar a obtener a través de ese tipo de producción un reflejo más afín a nuestra sociedad, que es inequívoca y afortunadamente diversa.  Para la firma Cassina realizó ya entonces dos proyectos, la silla “Dalilah” y el sillón “Sit Down”, que permitían a los operarios de la fábrica decidir la forma final, consiguiendo que cada una de ellas fuera ligeramente diferente a las demás.

Gracias a las nuevas tecnologías y al impacto en la sociedad de las redes sociales, hoy es más sencillo fabricar productos no estandarizados. Son muchos los diseñadores que ofrecen productos diferenciados o que permiten incorporar las variantes requeridas por el propio consumidor final. La personalización, la “customización” de los diseños está a la orden del día. Esta exposición revisa esta preocupación del diseñador contemporáneo por dar respuesta a los deseos del consumidor de huir de un paisaje doméstico indiferenciado. Algunos de los proyectos que se muestran son de orden experimental, exploran la idea y sus posibles implicaciones desde un punto de vista conceptual, planteando cuestiones para el debate. Otros de los proyectos que se exhiben muestran cómo esas mismas ideas son ya comercializadas por distintas empresas para dar al consumidor una respuesta a sus anhelos de una identidad propia.

Ana Domínguez Siemens, comisaria

10:00 a 20:00
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